La salud y el bienestar de 1.200 millones de personas en más de 100 países están
en riesgo debido a la desertificación, que no es solamente uno de los mayores problemas
ecológicos a nivel mundial. Lo cierto es que este fenómeno es además uno de los
principales obstáculos para la atención de las necesidades básicas del hombre en
las zonas áridas
El tema del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación de este año, "Los bosques
mantienen productivas las zonas áridas", se une a la Declaración de Naciones
Unidas de 2011 como Año Internacional de los Bosques para resaltar la importancia
vital de los mismos en el presente y futuro de la Humanidad. "Los bosques para las
personas", el lema escogido por las Naciones Unidas para defender nuestros
bosques, no es en vano.
Esta llamada de atención a nivel mundial que premia el indiscutible regalo de vida
que nos hacen los bosques, en un año cargado de eventos sobre la necesidad de su
correcta gestión, parecía la excusa perfecta para situar en primera línea, al menos
durante 2011, todo lo relacionado con los montes. Lamentablemente, no es así. O
eso nos parece a los profesionales del sector.
Los montes de la Comunitat Valenciana cubren una extensión de 1.323.465 hectáreas
de su territorio, es decir, suponen casi dos tercios de su superficie total; todo
ello, según los datos que refleja el proyecto de Plan de Acción Territorial Forestal
de la Comunitat (PATFOR). Pero la importancia de los montes valencianos, más que
en su extensión, reside en el conjunto de beneficios que aportan a las personas
y que, en muchos casos, la sociedad disfruta de forma gratuita e ilimitada. Son
los llamados servicios ambientales, que se traducen en que el monte no sólo produce
recursos, como la madera, las setas o el corcho, sino que además genera numerosos
beneficios como el control de inundaciones, la captura de carbono, la recarga de
los acuíferos o constituir una reserva de diversidad biológica y de paisajes. Hoy
en día los montes no son sólo una fuente de producción, sino que ofrecen a la sociedad
la posibilidad de realizar actividades de ocio, como el turismo rural, entre otros.
Todos estos servicios suponen el soporte de gran parte del bienestar de nuestra
sociedad, dando respuesta a la mejora de la calidad de vida de las personas que
protege expresamente en el artículo 45 la Constitución Española.
En contrapartida, y desde un punto de vista estrictamente económico, el valor de
los montes es mínimo, puesto que la producción forestal valenciana sólo aporta el
0'1 por mil del Producto Regional Bruto, según reflejan los informes anuales sobre
el Sector Agrario Valenciano elaborados por la Conselleria de Agricultura, Pesca
y Alimentación de la Generalitat.
Los montes valencianos están generando beneficios a la sociedad, pero no recursos
económicos para sus propietarios. En pocas actividades de las que se realizan en
el monte se paga por su disfrute, y no parece que a corto plazo esto vaya a cambiar.
Las Administraciones y la sociedad olvidan que los propietarios forestales conservan
un paisaje rural muy valioso. Y además, esa conservación del paisaje repercute económicamente
en otros sectores como el de la hostelería, la restauración y el turismo rural.
Es decir, los servicios ambientales aparentemente gratuitos, sí generan actividad
y beneficios económicos, pero en ningún caso para el propietario, que suministra
dichos servicios generando riqueza para otros.
Los servicios ambientales de los montes están reconocidos en la legislación forestal
autonómica, así como en la de protección de la naturaleza, nacional y europea. Pero
esta normativa ha implicado una superposición de figuras de protección sobre los
montes valencianos que ha provocado que la propiedad forestal valenciana tenga sobre
sí un peso normativo muy difícil de cumplir.
Y sin rendimiento económico, la propiedad no gestiona el monte, éste no se mantiene,
se abandona, pierde calidad y en consecuencia produce menos servicios ambientales.
Pocos montes, tanto públicos como privados, se gestionan con criterios técnicos
de sostenibilidad. Una parte de ellos son los que están bajo la tutela de la Administración
Forestal de la Generalitat por ser de su Patrimonio o haberse declarado de Utilidad
Pública, y sólo comprenden el 33% del total. Esta gestión es además muy limitada,
ya que el importe para 2011 del programa presupuestario dedicado a ellos (denominado
Restauración y Protección de los Recursos Naturales) es sólo del 0,24% del presupuesto
total de la Generalitat.
En definitiva, el monte valenciano y su propiedad están descapitalizados económicamente
y poco o nada reconocidos socialmente. El propietario paga y soporta una legislación
muy dura, regalando su disfrute y beneficios ambientales al resto de la sociedad.
Desde el Col·legi de Enginyers de Monts a la Comunitat Valenciana queremos
recordar aprovechando este Día Mundial de la Desertificación, que debemos conseguir
fórmulas para mejorar esta situación mediante una gestión sostenible en la que estén
implicados los propietarios de los montes, los usuarios, los que reciben beneficios
económicos por su existencia y, por supuesto, la Administración Forestal de la Generalitat.
En este sentido y como siempre en todo lo relacionado con el bienestar de nuestros
montes y, en última instancia, de nuestra sociedad, nos ofrecemos a colaborar en
la planificación forestal tanto a corto, medio y largo plazo, consensuada por todas
las partes implicadas, con el fin de mejorar la calidad de vida de los valencianos.
Juan Uriol Batuecas,
Vicedecano del Col·legi de Enginyers de Monts a la Comunitat Valenciana