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martes, 25 de junio de 2019

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DÍA INTERNACIONAL DE LOS BOSQUES: Ocho beneficios de los bosques urbanos para nuestra salud y la del Planeta
Fecha de publicación: 21/03/2018
Hoy miércoles, día 21 de marzo, coincidiendo con el cambio de estación meteorológica, se celebra el Día Internacional de los Bosques, que en 2018 tiene como lema “Bosques y ciudades sostenibles”. Este año la celebración tiene lugar en Vitoria, declarada Ciudad Verde Europea en 2012, que conmemora los 25 años de la creación de su anillo verde que se creó con el objetivo de acercar la naturaleza a la ciudad y mejorar la calidad de vida de la población.
DÍA INTERNACIONAL DE LOS BOSQUES. Ocho beneficios de los bosques urbanos para nuestra salud y la del Planeta

La celebración del Día Internacional de los Bosques en la capital alavesa está organizada por Juntos por los Bosques y el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, con la colaboración del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, el Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Álava y Baskegur.

Con motivo de esta celebración internacional, desde el Colegio Oficial de Ingenieros de Montes queremos resaltar los importantes beneficios que los bosques y espacios verdes, en general, y los urbanos en particular, nos aportan desde el punto de vista no solo económico y ecológico, sino también de la salud.

  1. Contribuyen a regular la temperatura de las ciudades. En el interior de las ciudades se registran temperaturas superiores respecto al entorno natural. Este efecto se denomina “isla de calor”. Los espacios construidos de las ciudades almacenan y emiten calor, igual que los automóviles y la actividad industrial y urbana. Las zonas verdes urbanas, mediante la evapotranspiración de los árboles, la sombra que generan y la absorción de CO2, neutralizan el exceso de temperatura y refrescan el ambiente. Según datos de la FAO, la colocación estratégica de árboles permite enfriar el aire hasta 8 grados, reduciendo en un 30% la necesidad de aire acondicionado. Y en invierno, el efecto cortaviento de la vegetación, en especial de los árboles, ayuda a ahorrar entre un 20 y un 50% de la energía utilizada en calefacción.
  2. Contrarrestan la contaminación. El arbolado urbano es un excelente filtro del aire, que disminuye los contaminantes perjudiciales, como las partículas finas. La vegetación capta los contaminantes gaseosos a través los estomas de las hojas, aunque el principal efecto purificador se produce al interceptar las partículas contaminantes en su superficie, que luego pasan al suelo con la caída de las hojas o lavadas por la lluvia. Un reciente estudio del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) calculó que las zonas verdes de Barcelona interceptaron 305 toneladas de contaminantes atmosféricos, en especial de partículas PM10, capaces de llegar a las vías respiratorias. En términos económicos esto suponía 1,73 millones de euros anuales. Pero no hay que olvidar el coste que la contaminación atmosférica tiene para el sistema sanitario, ya que aumenta el riesgo de padecer enfermedades respiratorias agudas, como la neumonía, y crónicas, como el cáncer del pulmón y las enfermedades cardio y cerebrovasculares. Además, causa la muerte prematura de 7.000 personas al año en España. Una investigación reciente indica que la exposición a la contaminación durante el embarazo se asocia con menor capacidad cognitiva en los hijos. Además, en los países áridos el arbolado reduce sensiblemente el polvo en suspensión.
  3. Reducen la contaminación acústica, al proporcionar una pantalla natural que aísla del ruido originado de carreteras, autopistas y zonas industriales cercanas. Además, al bloquear visualmente el origen del sonido, la vegetación reduce la percepción subjetiva de la cantidad de ruido generado. Los espacios verdes urbanos actúan también como lugares donde el ruido de la ciudad se atenúa y pasear por ellos ayuda a reducir el estrés provocado por el ruido urbano.
  4. Evitan inundaciones y fijan el suelo. Los bosques de las zonas urbanas ayudan a filtrar y regular el agua y contribuyen al suministro de agua dulce de calidad. A diferencia del asfalto, las superficies permeables del arbolado y los parques urbanos absorben la precipitación y reducen la velocidad y volumen de la escorrentía durante las lluvias torrenciales. Las zonas verdes urbanas y periurbanas cuando se diseñan adecuadamente pueden servir para evacuar y recoger con mínimo impacto aguas pluviales en caso de precipitaciones elevadas reduciendo el coste de la red de drenaje, depuración innecesaria y daños por inundaciones en zonas construidas o infraestructuras.
  5. Influyen positivamente en la salud. Las zonas verdes urbanas hacen posibles estilos de vida más activos y saludables, contribuyen a mejorar la salud física y mental y sirven de punto de encuentro que favorece las relaciones sociales.  Nuestra especie ha pasado más del 99.99% de su existencia en contacto con la naturaleza. Las diferencias notables entre el entorno natural -al que nuestras funciones fisiológicas están adaptadas- y el urbano contribuyen a generar un "estado de estrés" casi continuo. Cada vez más estudios respaldan los efectos beneficiosos que las zonas verdes y azules ejercen sobre nosotros, y su integración en la ciudad se asocia a una mejor salud percibida. Y también medida con parámetros objetivos, ya que proporciona un espacio donde realizar ejercicio, que ayuda a combatir la obesidad, epidemia silenciosa de este siglo, y factor de riesgo para otras patologías como el cáncer o las enfermedades cardiovasculares. Caminar por un parque urbano, incluso en invierno, mejora el estado de ánimo, aumenta la actividad del sistema nervioso parasimpático, implicado en los estados de relajación, y disminuye la frecuencia cardiaca, con claros efectos relajantes. Este estado de relajación de forma indirecta estimula el sistema inmune, al disminuir el nivel de estrés. Se ha propuesto, además, que determinadas sustancias volátiles que desprende la vegetación pueden incidir positivamente sobre la función inmunológica. Los beneficios de las zonas verdes para la salud se obtienen desde la infancia, ya que se ha comprobado que los niños entre 4 y 6 años que asisten a escuelas con áreas de juego rodeadas de más árboles son menos propensos a presentar conductas de falta de atención e hiperactividad. Incluso se ha responsabilizado al escaso tiempo que pasamos al aire libre del alarmante incremento de la miopía. Y es que la luz natural estimula la producción de un neurotransmisor en la retina que permite al ojo crecer durante la infancia sin deformarse, algo que con la luz artificial no se consigue.
  6. Conservan la biodiversidad. Las ciudades afectan en gran medida el entorno natural y la biodiversidad de sus áreas vecinas, para abastecerse de alimentos, materiales y energía. Esta "huella urbana” afecta significativamente a la biodiversidad. Los bosques, árboles y zonas verdes de las ciudades y sus alrededores, cuando están bien gestionados, proporcionan hábitats, alimentos y protección a numerosos animales y plantas con lo que ayudan a mantener e incrementar la biodiversidad en el entorno urbano.
  7. Ayudan a mitigar el cambio climático. Los bosques y zonas verdes son los principales sumideros de CO2 manejables del planeta. El CO2, el principal gas de efecto invernadero, queda fijado en la madera de los árboles.  Obviamente, debido a la limitada extensión de las zonas verdes urbanas esta aportación es modesta pero no por ello debe ser marginada.
  8. Instrumento clave de educación socio-ambiental. Los bosques y las zonas verdes urbanas constituyen un instrumento de alto potencial para recuperar la conexión con el entorno rural y sus servicios y bienes claves que nos aporta (alimentos, madera, energía, agua, paisaje, protección del suelo, regulación del clima, biodiversidad, etc.) especialmente para los más jóvenes propiciando así una mayor concienciación de las interrelaciones entre el ser humano y la naturaleza y los componentes culturales de la misma.
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