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lunes, 6 de abril de 2020

Sala de Prensa




Por primera vez los bosques no contarán con presencia humana en su día internacional
Fecha de publicación: 21/03/2020
  • Este año las circunstancias excepcionales que vivimos nos impedirán disfrutar de estos espacios naturales que tanto añoramos desde la cuarentena impuesta por el coronavirus.
  • La contribución de los bosques a la salud física y mental son cada vez más valoradas.
  • El nivel de cortisol, la hormona que mide el estrés, se reduce significativamente a corto plazo después de un paseo por el bosque.
  • Probablemente, lo que harán muchas personas cuando acabe el confinamiento necesario, será acudir a un bosque cercano y empaparse de la tranquilidad que nos invade en los entornos forestales.
  • La mayor parte de nuestra vida como especie la hemos pasado en entornos verdes, con los que hemos aprendido a convivir, en una relación casi simbiótica.

DÍA INTERNACIONAL DE LOS BOSQUES 2020. Por primera vez los bosques no contarán con presencia humana en su día internacional

Madrid, 21/3/2020. Hoy se celebra el Día Internacional de los Bosques. Aunque este año las circunstancias excepcionales que vivimos nos impedirán disfrutar de estos espacios naturales que tanto añoramos en la cuarentena impuesta por el coronavirus. Por primera vez, los bosques no contarán con presencia humana en varias semanas. Algo que sólo había ocurrido hasta ahora en las películas de catástrofes.

Hacer una loa de los beneficios medioambientales de los bosques es fácil para cualquiera. Incluso los escolares que estos días deambulan inquietos por la casa podrían enumerarlos: Los bosques son pulmones verdes que filtran y regeneran el aire. En España los bosques almacenan a largo plazo la quinta parte del CO2 que producimos en exceso y lo transforman en madera y biomasa mitigando el calentamiento global.

Conocemos también el papel protector y mejorador de los bosques sobre el suelo, retenido gracias al anclaje de los árboles y la vegetación en general, que impide que se precipite en forma de riadas de lodo que ponen en peligro poblaciones e infraestructuras. Tampoco nos es desconocida su contribución al equilibrio hidrológico de las cuencas y la calidad del agua, o su papel como filtro de otros contaminantes y reguladores de la variación local de temperatura. Las masas arboladas albergan además el 75% de la biodiversidad. Precisamente esto último justifica que la ONU haya decidido dedicar la celebración de este año a la importancia de los bosques para la preservación de la biodiversidad.

Menos depresión y ansiedad

Sin embargo, son menos conocidos los beneficios directos que los espacios verdes tienen sobre nuestra propia salud, pese a que cada vez más estudios lo señalan. Un valor añadido que conviene resaltar y que buscamos instintivamente. Bosques, parques urbanos, zonas marítimas, masas de agua y regiones silvestres hacen menos frecuentes las enfermedades cardiovasculares y pulmonares, diabetes, o males de nuestro tiempo, como la depresión o los trastornos de ansiedad. Por el contrario, apartarnos de estos entornos acelera el envejecimiento según un estudio de la socióloga Jolanda Maas, del Instituto EMGO de Ámsterdam.

Una de las últimas investigaciones, publicada en abril del año pasado, concluye que el nivel de cortisol (una hormona producida en respuesta al estrés) se reduce significativamente a corto plazo después de un paseo por el bosque. Y con ello, también el riesgo que el estrés supone para la salud y que se traduce en multitud de enfermedades.

Con tantos beneficios, no es de extrañar la moda de los baños forestales, impulsados desde Japón, donde los médicos recomiendan paseos por espacios arbolados para reducir el estrés, un mal de nuestro tiempo que acorta los telómeros (una especie de relojes biológicos situados al final de los cromosomas que, en función de su longitud, determinan nuestra edad biológica) como ha demostrado Elizabeth Helen Blackburn, Premio Nobel de Medicina. Esta investigadora trata de probar también que la proximidad de la naturaleza alarga la vida.

Beneficios conocidos desde antiguo

Todos estos beneficios que ahora están saliendo a la luz de forma científica, han estado siempre en el saber popular. Nuestro Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal ya fue un defensor del poder sanador de la naturaleza, a la que acudía en momentos de fatiga.

Un contemporáneo de Cajal, el biólogo escocés Sir John Arthur Thomson (1861-1933), describía así el poder sanador de los bosques: «La naturaleza satisface las necesidades de nuestras mentes, enfermas por la prisa y el bullicio de la civilización, y ayuda a regular y enriquecer nuestras vidas. Habría menos “psicopatología de la vida cotidiana” [libro de Freud de 1901] si mantuviéramos nuestra familiaridad con la naturaleza. Las relaciones entre el hombre y la naturaleza están profundamente arraigadas y no podemos pasarlas por alto sin pérdidas...”

Probablemente, lo que harán muchas personas cuando haya pasado el estado de alarma y el confinamiento necesario en el que nos encontramos ahora, será acudir a un bosque cercano y empaparse de la tranquilidad que nos invade en los entornos forestales. No en vano la mayor parte de nuestra vida como especie la hemos pasado en entornos verdes, con los que hemos aprendido a convivir, en una relación casi simbiótica que volveremos a recuperar con más ansia que nunca cuando todo esto acabe.

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