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lunes, 20 de noviembre de 2017 |

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Ideas erróneas sobre las causas de los incendios forestales
Fecha de publicación: 18/10/2017
Ante el grave episodio de incendios forestales vivido en el Noroeste de la Península Ibérica durante los pasados días el Colegio Oficial de Ingenieros de Montes quiere en primer lugar manifestar su hondo pesar por las víctimas mortales, así como expresar su solidaridad y afecto por todos los damnificados. Igualmente queremos expresar nuestro reconocimiento a la ingente labor realizada por los servicios de extinción, bajo la dirección de la Xunta de Galicia y el Principado de Asturias, que han tenido que trabajar en circunstancias extremas.
Ideas erróneas sobre las causas de los incendios forestales

Ante el grave episodio de incendios forestales vivido en el Noroeste de la Península Ibérica durante los pasados días el Colegio Oficial de Ingenieros de Montes quiere en primer lugar manifestar su hondo pesar por las víctimas mortales, así como expresar su solidaridad y afecto por todos los damnificados. Igualmente queremos expresar nuestro reconocimiento a la ingente labor realizada por los servicios de extinción, bajo la dirección de la Xunta de Galicia y el Principado de Asturias, que han tenido que trabajar en circunstancias extremas.
En efecto, las condiciones que se daban el domingo y lunes por la mañana fueron excepcionales. Durante el pasado año se ha producido una sequía extrema en el noroeste de la Península que ha originado un alto nivel de estrés hídrico [déficit de agua] en la vegetación haciéndola muy vulnerable frente a los incendios. Junto con esta circunstancia, se produjeron vientos secos y recalentados de componente sur movidos por un fenómeno totalmente excepcional en nuestras latitudes, como la llegada de un huracán tropical, que les confirió una velocidad e intensidad absolutamente inusuales.

Así las dificultades extraordinarias de hacer frente a semejante reto, el de incendios en condiciones adversas de máximo nivel, coincidieron en el Norte de Portugal, Sur de Galicia y Oeste de Asturias y Castilla y León.
Por este motivo, aprovechar esta situación para reiterar tópicos absolutamente desacertados y sistemáticamente rebatidos desde instancias científicas, técnicas e incluso desde el mundo ecologista, es la peor aportación que se puede hacer ante semejante tragedia y en poco ayuda a su resolución, porque desvía la atención.

En estos momentos nos gustaría que todos los actores elevaran el nivel del debate, priorizando el fondo del asunto por encima de otros intereses más mediáticos. Y en especial pedimos la colaboración de los medios de comunicación.
A continuación indicamos algunos de los aspectos erróneos que suelen repetirse.

Flexibilización de la recalificación

La reforma del artículo 50 de la Ley Básica de Montes no es una carta blanca para la recalificación. Únicamente permite recalificar un terreno que haya sido afectado por un incendio en caso de imperiosa necesidad de interés público y mediante una ley autonómica y nunca en montes de utilidad pública. Ese artículo pretende impedir, en casos realmente excepcionales, la paralización de la dotación de infraestructuras públicas que de otra manera sería imposibles de llevar a cabo si se produjese un incendio, por pequeño que este fuese, en el área prevista para ello. Este cambio también evita abusos e incendios provocados precisamente al frenar durante 30 años el desarrollo de obras por intereses particulares o partidistas.

Existencia de mafias que queman el monte

Después de décadas de investigación de causas de incendios, miles de detenidos y cientos de sentenciados, no se ha encontrado mafia organizada alguna detrás de los incendios forestales, ni se encuentra causa ni evidencia alguna de beneficio económico para el sector forestal.
Hemos de diferenciar en todo caso el Noroeste de España, donde se producen el 75% de los incendios del total nacional. Existe en toda esta zona un arraigado uso del fuego para la eliminación de matorral y vegetación indeseada en el marco de ciertas prácticas agrícolas y ganaderas (eliminación de rastrojos, generación de pastos, etc). En los últimos años se ha hecho un gran esfuerzo para fomentar buenas prácticas en este ámbito y, aunque queda mucho camino por delante, Galicia ha conseguido reducir su uso a un tercio en 20 años. Hay que expresar también el reconocimiento a las Brigadas de Investigación, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y la Fiscalía.

Papel de las distintas especies en los incendios forestales

Todas las especies vegetales arden, y cuando están sometidas a un alto nivel de estrés hídrico puede no existir diferencias significativas entre ellas. Es la estructura de la vegetación la que condiciona la evolución del incendio. Y la gestión, a su vez, condiciona la estructura de las masas vegetales.

Obviamente, aquellas especies que habitan en las zonas más húmedas y frescas (como árboles de ribera robles, hayas o fresnos) tienen menos probabilidad de llegar a esos umbrales de estrés hídrico y por ello estadísticamente arden menos
Echar la culpa del incendio a la vegetación está fuera de lugar, dado que no arde por sí misma, y es la acción antrópica la principal causa de los incendios forestales en España. La vegetación es una víctima en este caso de la acción humana y nunca se debe tratar como culpables a unas especies frente a otras. Por ejemplo, hablar de los pinos como especies no autóctonas es un error de enormes dimensiones, cuando la mayor parte de ellos incluido el pino pinaster es autóctono en toda la Península, incluida Galicia.
En todo caso, el abandono de la gestión forestal supone multiplicar el riesgo de incendio de forma considerable aumentando la combustibilidad del monte y generando modelos de combustible, como el matorral de tojo o aliaga (Ulex) de mayor dificultad para la extinción y mayor riesgo para la seguridad de las personas.

Por el contrario, las zonas mejor gestionadas, es decir aquellas que cuentan con una gestión activa y adaptada a las especies que la pueblan, arden muy poco. Un claro ejemplo es el de los eucaliptares del Norte de Lugo.

Interfaz urbano-forestal

La interfaz urbano-forestal, que en el Noroeste es mucho más frecuente por la alta dispersión de la población en el territorio, es un problema creciente que requiere de una actuación concertada entre las Entidades Locales y las Comunidades Autónomas, que deben abordar tanto la protección pasiva (como franjas de protección libres de vegetación), como la activa de la población en caso de siniestro. En este contexto se debe reivindicar la importancia de contar con un Plan de Autoprotección contra incendios forestales profesionalizado y de calidad que sea un instrumento eficaz para la protección de los bienes y las personas en la intefaz urbano-forestal.

Igual que los países con alto riesgos sísmicos saben cómo reaccionar en caso de emergencia, la población debe estar preparada y saber qué hacer en caso de incendio forestal. Si la falta de ordenación y prevención en los terrenos forestales es un riesgo que se debe acometer, la falta de ordenación urbanizadora y la prevención en lo urbanizado es aún de mayor relevancia.

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