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viernes, 24 de mayo de 2019

Especial Incendios Forestales 2013

Un verano diferente

El resumen de intervenciones en incendios del Magrama el pasado 25 de junio lo deja claro: “0 intervenciones en este día”. Algo totalmente inusual en esta época del año. Después de la tempestad viene la calma, podríamos decir en este comienzo de verano. Tras un 2012 con consecuencias catastróficas para nuestro entorno forestal, las condiciones meteorológicas parecen querer darnos algo de tranquilidad a la sociedad, a la naturaleza y, desde luego, a la economía en 2013. Al menos de momento. “Lo cierto es que esa tregua que nos ha concedido el fuego durante los seis primeros meses del año son un alivio para las poblaciones ubicadas junto a nuestros montes, para las administraciones y para las brigadas encargadas de luchar contra el fuego”, recuerda Carlos del Álamo, Decano del Colegio de Ingenieros de Montes.

La gran cantidad de lluvia caída durante el otoño y la primavera y las nevadas inusuales han generado, sin duda, una mayor cantidad de herbáceas en nuestros montes que en condiciones adversas pueden ser detonantes de grandes incendios. La realidad, sin embargo, es que con temperaturas suaves como las que hemos disfrutado hasta hoy, esa humedad extra ha beneficiado, y mucho, al entorno natural de nuestro país, sometido a un elevado estrés hídrico durante el año pasado: “Las primaveras húmedas son siempre beneficiosas para la vegetación forestal. El monte mediterráneo está cónicamente sediento”, mantiene Ricardo Vélez, que fue durante años Jefe del Área de defensa contra Incendios del Ministerio de Medio Ambiente y es portavoz del Colegio de Ingenieros de Montes. “No podemos quejarnos nunca de la lluvia; el suelo y la vegetación acumulan agua, lo que retrasa el momento en que la inflamabilidad se incrementa por el calor. Es normal que tras un periodo lluvioso el riesgo se retrase, pero eso no significa que podamos bajar la guardia. Los vientos secos puedenaparecer cuando menos nos convenga”.

Un 80% menos de siniestros en los primeros meses del año

Las cifras sobre el bajo número de incendios forestales producidos entre enero y junio de 2013 son esperanzadoras, aunque debemos ser cautos: “No hay duda de que el resumen de esta temporada de alto riesgo será mejor que el de 2012. Superar el mes de junio con temperaturas inusualmente suaves es una ventaja frente al fuego, y frente a los incendiarios, pero el riesgo nunca desaparece, y con las temperaturas de julio y agosto, que serán seguro más altas, y con mayor sequedad en el ambiente, hay que estar en alerta máxima para evitar que cualquier conato de incendio se convierta en un desastre para el monte”, advierte el decano. A pesar de esas condiciones meteorológicas el Colegio de Ingenieros de Montes defiende la necesidad de mantener los medios de prevención y de extinción. “Lo prudente –defiende Ricardo Vélez- es no reducir ni acciones de prevención ni medios de extinción. Las noticias que nos llegan nos indican que hay una especial reducción en prevención, y eso es preocupante”.

Prácticamente un 80% menos de siniestros frente al mismo periodo del año anterior (1 de enero al 31 de mayo, y en cifras según el MAGRAMA) es un dato que no se ha repetido en el último decenio. 1.831 siniestros totales entre el 1 de enero y el 31 de mayo de este año frente a los 8.693 que en 2012 ya nos anunciaban el desastre medioambiental que se avecinaba. De esos 1.831 sólo 624 han superado la hectárea de extensión gracias a la rápida actuación de los medios de extinción y a las favorables condiciones meteorológicas.

Ni siquiera el año 2007, muy inferior en cuanto a incendios forestales comparado con otros años, se acerca a los datos de estos primeros meses de 2013. Entonces se produjeron 3.140 siniestros frente a los menos de dos mil de este año. A pesar del riesgo a que se produzcan en nuestros bosques grandes incendios forestales es sin duda elevado, de momento sólo tenemos que lamentar 1 producido en los primeros meses de 2013, frente a los 10 que en estas mismas fechas ya se habían producido hace un año.

La ausencia de incendios notables y las lluvias constantes han contribuido a una cierta regeneración del monte: las semillas se habrán visto favorecidas por el agua, aunque la regeneración depende de factores como el estado del suelo, afirma el Colegio de Ingenieros de Montes. Si se pudo retirar la vegetación quemada, ello habrá contribuido a remover el suelo en el que habrán podido germinar bien las semillas. Esa regeneración depende en gran parte del tipo de ecosistema del que se trate: los pastizales se regeneran prácticamente de un año para otro; los matorrales suelen recuperar su estado anterior al incendio en cuatro o cinco años; la mayoría de las especies de nuestros montesarbolados necesitan décadas.

Aprovechar la Biomasa forestal

Habrá que esperar a que suban las temperaturas para valorar los efectos de los inevitables recortes que se han producido en gestión y conservación y en prevención en los montes. “Con una situación de ajuste en cuanto a conservación y prevención, es necesario apostar por la explotación de la biomasa forestal”, defiende Del Alamo. “Además de contribuir a la lucha contra los incendios forestales, genera energía renovable, y desde luego, genera beneficios económicos”. El aprovechamiento energético de la biomasa forestal repercute positivamente en nuestros montes, que están así más cuidados, con vías de acceso más limpias que pueden actuar como cortafuegos y definitivamente, con una carga menor de combustible forestal por hectárea, que hará que en caso de incendio el impacto del mismo sean mucho menores. Lamentando que a día de hoy continúe la paralización de los incentivos a las energías renovables, recuerda que de cumplirse los objetivos del Plan de Energías Renovables “podría haber un balance positivo para las arcas públicas”. El decano considera que es imprescindible una liberalización del intervencionismo forestal que permita llevara cabo una buena gestión forestal”.

Enlaces de interés

Medidas inmediatas en el monte

A corto plazo no queda otra que extremar las precauciones y optimizar el equipo humano y material para evitar el inicio de incendios o limitar al máximo posible las consecuencias del mismo si éste es inevitable:

  • Máxima vigilancia a través de personal formado y conocedor del entorno.
  • Disuasión por presencia de autoridades, teniendo en cuenta que el 95% de los incendios se deben a negligencias e intenciones y/o a conflictos socioeconómicos.
  • Medidas operativas competitivas, capaces de llegar al punto de inicio del incendio en 10 minutos

"El monte rentable no arde"

No se trata sólo de proteger la infinita biodiversidad que ocupan nuestros montes. Debemos conseguir, a través de planes forestales, inversión, empleo, divulgación… que éstos sean rentables para sus propietarios, ya sean de carácter privado o público. Los montes que son rentables, arden menos. Y esto sucede por el simple hecho de que al procurar un beneficio, recibe más cuidados. A cambio de muy poco, el monte ofrece un equilibrio perfecto que es posible alcanzar con algo de esfuerzo y mucha voluntad: aunque la tendencia es positiva, aún nos queda mucho camino por andar hasta lograr que alcance todo el territorio forestal español este proyecto hacia el que debe evolucionar la sociedad y que se sostiene sobre tres pilares fundamentales:

  • Que seamos capaces de reconocer el regalo importantísimo que nos hace la biodiversidad del monte: fuente y garantía de vida, no sólo vegetal y animal: también nos protege a los seres humanos de los grandes males medioambientales de este siglo: la desertificación, el temido efecto invernadero, el cambio climático…
  • Que sepamos apreciar el beneficio social que nos regala: en los últimos decenios, y cada vez más, el monte ha comenzado a ser explotado como centro de ocio; un aprovechamiento del mismo que nos permite alejarnos por un tiempo de la rutina de la ciudad, que nos acerca a la naturaleza y que, bien gestionado, repercute positivamente en un monte más cuidado y con más ingresos que permitirán conservar y mejorar su estado.
  • Que nuestros montes sean rentables económicamente a través de la explotación forestal correctamente gestionada. En contra de lo que se piensa.O bien sus propietarios reciban alguna compensación económica por los servicios ambientales (a veces intangibles) que prestan los bosques

¿Qué es un incendio forestal?

Incendio forestal o incendio de monte: El incendio forestal es el fuego que se extiende sin control sobre terreno forestal, afectando a vegetación que no estaba destinada a arder.

Se deduce de esta definición que el incendio forestal es un fuego de vegetación no agrícola y que no incluye la quema de rastrojos, salvo que pase a un monte. Es esencial la falta de control para que un fuego sea considerado incendio. Por ello, no se consideran incendios las quemas de pastos o de matorral o el empleo del fuego para eliminación de residuos forestales, que no hayan causado daños a juicio del Servicio encargado de la prevención y no se hayan extendido más allá de la zona a la que sería prudente aplicar la operación citada. Sin embargo, se considerarán incendios estas quemas por el hecho de realizarse cuando están prohibidas, ya que, aunque los daños puedan ser reducidos, su peligrosidad obliga a combatirlos.

Las bases de la prevención

El cambio de mentalidad que requiere la prevención pasa por reconocer:

  1. Que el riesgo es permanente (por las condiciones socioeconómicas) y recurrente (por las condiciones climáticas), lo que requiere una política forestal integrada.
  2. La función del fuego en la evolución de la vegetación forestal, que debe fundamentar la selvicultura preventiva y la regulación del empleo del fuego en quemas de pastos.
  3. La complejidad de los trabajos de extinción en el medio forestal, que requiere conocer tanto el territorio como la dinámica del fuego en el monte.
  4. Debemos apostar por la optimización de los recursos que ofrece el monte y que favorece la prevención contra incendios: el desarrollo de la bioenergía abre una puerta al aprovechamiento de la biomasa que además de ayudar en esa prevención, y unido a la explotación de la madera para la construcción, podría crear hasta 10.000 empleos (Alvaro Picardo, “Medio rural y economía sostenible”)

¿Cómo se pueden prevenir los incendios forestales?

La gestión forestal

Es un concepto aún desconocido para muchos, y la mejor manera de prevenir los incendios durante el invierno. La sociedad ha aprendido a acomodarse en la sensación de que la solución a los incendios debe aplicarse durante los meses de calor, pero lo cierto es que en la buena gestión forestal, un término aún desconocido para muchos, puede ser considerada una de las mejores y más baratas soluciones contra los catastróficos incendios. Aprender que el bosque ha de ser cuidado durante los meses fríos por especialistas es aprender que podemos evitar muchos incendios.

La lucha contra los incendios forestales no es un trabajo exclusivo de la época estival. Muy al contrario, la prevención en el resto de estaciones y una correcta planificación forestal, con una buena ordenación del territorio, son elementos claves para minimizar el número y las consecuencias de estos siniestros. También los tratamientos selvícolas, y el análisis exhaustivo de las necesidades que los bosques y montes españoles presentan es fundamental para el correcto desarrollo de la gestión de los mismos. Pero además es necesaria la creación de una conciencia social que abogue por el cuidado de la biomasa, y fomentar la ampliación, creación y estabilidad del empleo de los trabajadores en labores relacionadas con el monte.

Cuidado especial con las actividades al aire libre en verano ...

Un clásico del verano son las barbacoas, con las que hay que tener especial cuidado, pero también los agricultores suponen un elemento de riesgo con las quemas de los pastos y rastrojos, que han de realizarse bajo un estricto control del mismo; Debemos poner especial atención también con las basuras que se abandonan en el monte, con las fogatas por supuesto y hasta con un pequeño cristal olvidado en del bosque, capaz de provocar un foco de incendio que arrase la zona.

Aviso INMEDIATO a las autoridades y unidades de extinción ...

Debemos dar la voz de alarma al menor indicio de un posible incendio o riesgo del mismo. Cada Comunidad Autónoma dispone de su propio número de teléfono de alertas. En el caso de Madrid, basta con marcar el 112.

Saber algo más de los incendios ...

Determinantes Ecológicos, Sociales y Económicos

A pesar de que la superficie afectada por los incendios en las últimas décadas presenta una tendencia ligeramente decreciente, no ocurre así con el número de incendios cuya tendencia es claramente creciente, lo que se convierte en motivo de asombro y escándalo para políticos, científicos, ecologistas urbanos, periodistas e incluso a veces también para los mismos forestales profesionales. La estrategia de futuro a seguir debe contar con varios enfoques o puntos de vista que exigen cambios generalizados de mentalidad y acciones no brillantes pero continuadas. Estos enfoques pueden agruparse según sus aplicadores, por una parte políticos y por otra, forestales profesionales.

El papel de los políticos

El número de incendios originado por causas naturales o accidentales en los ecosistemas mediterráneos es muy reducido. El alto riesgo deriva de las prácticas de la sociedad que los aprovecha, que condiciona la mayor o menor acumulación de combustibles. Una política agraria que contribuya a diversificar el paisaje, a evitar la continuidad de las formaciones vegetales tanto arbustivas como arbóreas, sin incentivar de modo no deseado el empleo del fuego que puede descontrolarse, es condición absolutamente esencial para que los incendios se reduzcan a su magnitud natural.

El papel de los profesionales forestales

La protección forestal es mucho más que defensa de la propiedad y el fuego es la principal amenaza, detrás de la cual llegan las plagas, la erosión y todos los demás problemas. No es admisible una gestión forestal en la que no se cuente con las condiciones ecológicas y socioeconómicas que producen riesgo de incendios, el perfeccionamiento en técnicas de extinción y en sistemas de coordinación seguirá sin dar resultados permanentes si los enfoques de protección no reorientan la acción forestal en campos esenciales como son la selvicultura y la ordenación, la vigilancia y la puesta de los montes al servicio de la sociedad.

¿Por qué se produce un incendio?

FACTORES METEOROLÓGICOS

El clima mediterráneo con sus veranos prolongados, sin prácticamente nada de lluvia, y temperaturas diurnas medias muy superiores a 30º C reducen la humedad de la materia vegetal muerta a menos del 5%. Así, un pequeño foco de calor puede desencadenar un incendio. Los vientos terrales del verano, caracterizados por su gran velocidad y poder desecante (tramontana, siroco, levante, etc.), hacen descender la humedad atmosférica por debajo del 30% y contribuyen a propagar los fuegos, trasladando pavesas a gran distancia.

Los vientos secos y fríos de invierno también pueden ser causa de incendios debido al descontrol de pequeñas quemas provocadas por ganaderos y agricultores.

LA VEGETACIÓN FORESTAL COMO COMBUSTIBLE

Las prolongadas sequías que en verano caracterizan las condiciones del clima han sido determinantes de que con frecuencia la composición de los bosques del Mediterráneo se haya estabilizado a base de especies que necesitan el fuego durante el ciclo reproductivo. Los pinares constituyen las masas arboladas más extensas. El pino carrasco (Pinus halepensis), el piñonero (P. Pinea), el pinaster (P. Pinaster), el laricio (P. Nigra) y el brutia (P. Brutia) son las especies principales, que se caracterizan por mecanismos fisiológicos que conectan la reproducción natural con el fuego. Además, suelen tener un elevado contenido en resina y aceites esenciales, extremadamente inflamables. Otras especies esclerófilas de hoja perenne (género Quercus) han desarrollado mecanismos de adaptación para resistir el fuego, como pude ser la presencia de abundantes yemas durmientes que garantiza la producción de brotes y renuevos si la parte aérea de la planta resulta disminuida por el fuego. Pero esta adaptación no significa protección permanente. Después de fuegos repetidos, los árboles son sustituidos por una cubierta de matorral leñoso típicamente pirófito, como es el caso de los jarales (Cistus). A esta evolución natural de la flora hay que superponer las variaciones que suponen las restauraciones de la cubierta vegetal en zonas degradadas. La restauración ha de hacerse normalmente usando especies pioneras, generalmente pinos. Con ello, el riesgo de grandes incendios crece al verse favorecida la propagación del fuego por la continuidad de combustible muy inflamable que hay en esas plantaciones.

CONDICIONES SOCIOECONÓMICAS

El desarrollo socioeconómico de una región ha sido causa de la interrupción del pastoreo y de la extracción de leña y broza. Como consecuencia, ha aumentado la combustibilidad del monte, en el que el fuego encuentra buen material para iniciarse y propagarse. Éste es un problema muy grave en los bosques de propiedad particular que, debido a su baja rentabilidad, tienden a quedar abandonados hasta la corta.Otra causa de incendio ha sido el éxodo rural. Grandes extensiones de tierra marginal han quedado abandonadas y han sido colonizadas por matorral e incluso por pinares naturales.

Así, la situación actual en los países mediterráneos europeos puede caracterizarse por los siguientes hechos:

  • Despoblación de las áreas rurales atraída por mayores incentivos en las zonas urbanas.
  • Abandono de los usos tradicionales en el área rural.
  • Tendencia a desaparecer o a reducirse el uso forestal como productor de materias primas.
  • Tendencia de los usos tradicionales (aprovechamientos de pastos y leñas) a quedar como residuales.
  • Tendencia a crecer de los usos recreativos (excursionismo, caza y pesca).
  • Crecimiento continuo de la interfaz monte-terreno urbano.

DECLARACIÓN DE ZONAS DE ESPECIAL PROTECCIÓN

El conflicto se plantea acerca de las limitaciones que dicha declaración acarrea a las poblaciones locales. Cuando se hace una declaración de este tipo, se producen determinadas restricciones encaminadas a la conservación o restauración de los recursos naturales. Ello tiene influencia inmediata en la vida de los habitantes de las zonas local y próximas y puede chocar con sus usos y costumbres, apareciendo enfrentamientos, de los que el incendio será un síntoma.

La tendencia en la política proteccionista es a reconocer estos conflictos potenciales y a arbitrar medidas compensatorias, que deben extenderse al área de influencia de los espacios protegidos.

LOS CULTIVOS FORESTALES

Este conflicto procede del propio aprovechamiento forestal. La función productora del monte es realizable si genera materias primas demandadas por la industria, pero el monte mediterráneo no es precisamente el ideal para ello. En consecuencia, cuando existen condiciones adecuadas de suelo y humedad es normal que se prevea su transformación en cultivo forestal.

El problema de los cultivos forestales es la continuidad del modelo de combustible, peligroso en las fases jóvenes y propicio a los grandes incendios más tarde, si no está sometido a una correcta selvicultura preventiva.

TRANSFORMACIÓN A USO URBANO

El conflicto se plantea al extenderse aceleradamente las zonas de uso urbano, ocupando primero las tierras agrícolas limítrofes y después las forestales más alejadas. Debido a la tecnología actual se hace potencialmente urbanizable una proporción cada vez mayor del territorio.

En este caso, la legislación limitativa del cambio de uso puede ser precisamente el pretexto para el incendio, si la existencia de la vegetación forestal es la que condiciona el uso. En realidad esto no es así en ningún país mediterráneo, ya que si se pierde la vegetación por el fuego, debe ser regenerada, es decir, no se admite el cambio de uso. No obstante, los medios de comunicación afirman rutinariamente que se prenden incendios para urbanizar terrenos.

La conclusión es que se trata de un conflicto generador de incendios según la opinión pública, pero sin que ello haya sido realmente demostrado. Se trata de un tema que debe ser investigado.

EXPANSIÓN DE LOS USOS RECREATIVOS EN EL ÁREA FORESTAL

El conflicto se plantea como consecuencia de la invasión de los espacios forestales para el desarrollo de actividades recreativas como el excursionismo y la caza. La presencia creciente de personas en el monte se traduce en mayor probabilidad de utilización negligente del fuego. La legislación de todos los países es análoga. Las hogueras están reglamentadas del mismo modo que las quemas de pastos y agrícolas. También está prohibido arrojar cigarros encendidos.

La tendencia actual consiste en tratar de hacer efectivas estas normas, intensificando la vigilancia y limitando el tránsito por el monte. La conclusión es que se trata de un conflicto de importancia creciente, pero que puede contenerse con medios tales como la educación y la vigilancia disuasoria.

VENGANZAS Y DELINCUENCIA

Pueden ser venganzas contra individuos o contra la sociedad. En las primeras, el fuego es uno de los medios para hacer daño a una persona por una motivación privada. En las segundas, la causa de la venganza puede ser muy variada como, por ejemplo, el cazador que no consigue un puesto para cazar y expresa su protesta quemando el monte. En cualquier caso, el incendio intencionado es un delito en todas las legislaciones. En este caso, el incendio se utiliza bien para ocultar otro delito, bien para ayudar a realizarlo. Se pueden señalar muchos ejemplos: cazadores furtivos, incendios para provocar futuras inversiones en reforestación, incendios para distraer a la policía en operaciones de contrabando, incendios para deforestar y poder plantar después especies de droga (América). Estos casos son objeto igualmente de la sanción de las legislaciones penales.

¿Cómo actúan los incendios forestales?

LOS COMBUSTIBLES

En un incendio forestal, el combustible es la vegetación que puebla el monte, y el riesgo de arder varía en función del mismo: Bosque Natural, Repoblación, Matorral o pastizal. En igualdad de las demás condiciones (topografía y tiempo atmosférico), las formaciones de matorral son las que presentan mayores dificultades para las labores de control, así como el mayor riego para las personas que intervienen. Para prevenir y combatir los incendios forestales, es importante conocer el poder calorífico y la inflamabilidad de las distintas especies de nuestra flora.

TOPOGRAFÍA

Es otra de las condiciones que favorecen la expansión de un fuego sin control. Las pendientes favorecen el movimiento del aire caliente, que reseca el combustible que se encuentra en cotas superiores, y si transporta partículas de ignición, puede dar lugar a incendios de propagación explosiva. Además, el incremento de pendiente incide sobre el aumento de velocidad de propagación, duplicando o hasta triplicando ésta. La pendiente provoca la aparición de focos ladera abajo, producidos por combustibles que ruedan y caen por debajo del área del incendio y pueden provocar focos secundarios por detrás de los combatientes. Mientras todas las demás variables permanezcan constantes, un incendio que se manifieste sobre un suelo con pendiente entre el 0 y el 5%, se propagará a triple velocidad al llegar a una pendiente del 30%, y volverá a duplicarse al llegar al 60%.

CONDICIONES ATMOSFÉRICAS

Todos sabemos que en las horas de más calor, hacia el medio día, la intensidad del fuego es mayor, y también el riesgo de provocar un nuevo foco. Lo cierto es que, cuando la temperatura aumenta 10ºC, la humedad relativa del aire pasa a ser la mitad de la que tenía, elevando su riesgo. Sin embargo, si la temperatura desciende la misma cantidad de grados, la humedad relativa del aire se multiplica. Por debajo de un 30% de humedad, el riesgo de incendio es constante. El factor del viento es muy importante también: la velocidad de propagación aumenta en la dirección del viento dominante pero es fundamental tener en cuenta los vientos locales, como los vientos de valle y las brisas de mar, que cambian de dirección de día y de noche.

COMPORTAMIENTO EXTREMO

Teniendo en cuenta las distintas variables, el comportamiento extremo se alcanzará cuando el incendio se manifieste:

  • Sobre una cubierta de matorral que presente una continuidad horizontal y vertical.
  • Cuando esta cubierta de vegetación se asiente sobre terrenos con fuertes pendientes y rampas prolongadas.
  • Cuando en las horas del día en que se manifieste el incendio, la humedad relativa del aire se corresponda con los valores mínimos.
  • Cuando se produzcan cambios en la dirección y velocidad del viento

Los métodos de extinción

MÉTODO DIRECTO

Si el fuego se encuentra en su etapa inicial o tiene unas características que permiten actuar en la proximidad de las llamas o se dispone de agua y medios para lanzarla, se puede atacar directamente sobre el incendio para sofocar la llama. En este método se actúa fundamentalmente sobre dos de los componentes del triángulo del fuego (calor y oxígeno):

  • Desplazando violentamente el aire próximo al combustible.
  • Enfriando el combustible.

Se considera necesario reiterar el peligro para los combatientes que tienen que trabajar próximos a las llamas y la complementariedad necesaria de los equipos de tierra cuando actúan medios potentes de extinción en acción directa.

MÉTODO INDIRECTO

Cuando el modelo de combustible, la intensidad del fuego y su propagación (copas) y siempre exista riesgo para el personal que trabaje en la extinción, así como por la propia dinámica del fuego presente y previsible, la transitabilidad y topografía lo aconsejen, se debe combatir el incendio con este método. En esencia, el método indirecto consiste en aislar el combustible de las llamas, estableciendo líneas de defensa a distancia apropiada de los frentes para con las líneas de control circunscribir uno o más perímetros que completen la etapa de control. Es este método se actúa fundamentalmente sobre el combustible, eliminándolo en fajas (líneas de defensa) o vertiendo productos químicos que impregnan el combustible e impiden o retardan su combustión (cortafuegos químicos).

CONTRAFUEGO

La definición de contrafuego es sencilla y escueta: utilizar el fuego para apagar el fuego. Siempre como quema controlada, pues se prescribe el fuego para que avance en una dirección prefijada de acuerdo con los condicionantes que actúan en su comportamiento: combustibles, topografía, meteorología. Por lo tanto, en la aplicación del contrafuego son básicas las técnicas de quemas controladas. A la limitación de la aplicación del contrafuego por razones de seguridad, la de las personas que pueden sufrir accidentes, hay que añadir el daño a bienes que se puede producir con perjuicio para sus propietarios. En esto, la legislación vigente también da pie para hacer un comentario que limite la aplicación del contrafuego por razones de seguridad. Las normas de seguridad son de obligado cumplimiento para todas las personas que actúan en la extinción, pero el que debe dar responsablemente la orden de aplicar un contrafuego es el Director de Extinción.

Autor: CIM . Publicado: 18/07/2013 Enlace directo a este contenido


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