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| Los Ingenieros de Montes
en Ultramar Jueves, 04/27/2006 16:39, por Colegio de Ingenieros de Montes |
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La fatalidad marcó la llegada de los dos primeros ingenieros de Montes a Cuba, ya que ambos murieron. El gobierno no les sustituyó y hubo que esperar a 1859, a que por una circunstancia fortuita, FRANCISCO DE PAULA PORTUONDO, hijo de una familia burguesa de Cuba, tras haber cursado sus estudios de ingeniero de Montes en Madrid, volviese a la isla. No obstante, poco se conoce sobre la obra de los ingenieros de Montes en Cuba, salvo dos trabajos que hacen referencia a temas forestales. Uno de ellos perteneciente a MIGUEL BOSCH Y JULIA, titulado Rápida ojeada sobre el estado de los montes de Canarias, Puerto Rico, Cuba y Filipinas, y el otro, titulado Costumbres cubanas, escrito por el político JOSÉ EMILIO DE SANTOS, éste con un carácter mucho más generalista. Esta falta notoria de publicaciones fue un reflejo claro del deficiente funcionamiento de la Administración forestal en la isla, muchas veces enfrentada con la Intendencia, proba-blemente por la falta de unas ordenanzas es-pecíficas. Las ordenanzas de montes para Cuba se promulgaron el 21 de abril de 1876, inspiradas en las españolas, y otorgaban fa-cultades a los terratenientes de la isla para arrasar sus propiedades de los bosques primarios. Sólo los montes públicos, que en aquella época representaban el 3 por 100 de la super-ficie de la isla, eran de dominio de la Admi-nistración forestal. En Filipinas, por el contrario, la proliferación sobre escritos forestales fue mucho más abundante, a pesar de que el establecimiento de la Inspección de montes fuese más tardía (1862) no empezando a funcionar realmente hasta 1876. El panorama forestal que se encontraron los forestales fue muy distinto al de Cuba, mientras que la isla había sido diezmada por la Marina a nivel de especies maderables para la construcción naval, y posteriormente por los terratenientes para el desarrollo de la caña de azúcar y otros productos agrícolas, en Filipinas la abundancia de vegetación hizo que los arsenales se desplazasen al archipiélago a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX. El campo de trabajo que suponía Filipinas, junto a la iniciativa de los ingenieros de Montes destinados allí, supuso que la Administra-ción forestal adquiriese especial importancia. Se comenzaron a establecer los primeros inventarios, estudios sobre el conocimiento de la flora, e incluso estudios geográficos, natura-les y etnográficos del archipiélago. Fueron, sin duda, SEBASTIAN VIDAL Y SOLER Y RAMON JORDANA MORERA los dos ingenieros más destacados de la Administración forestal en Filipinas. La obra más significativa del pri-mero es la Sinopsis de familias y géneros de plantas leñosas de Filipinas (1883). Introduc-ción a la flora forestal del archipiélago filipi-no. Por el contrario la obra más importante de Jordana tiene un carácter más generalista, pero no menos científico, Bosquejo geográfico-natural del archipiélago filipino (1885).
Maqueta de ensayos diseñada por el coronel de ingenieros Tomás Cortés para determinar las características mecánicas de las maderas de Cuba y Santo Domingo. El ingeniero de Montes, Eugenio Pla y Ravé recoge en su libro Maderas de construcción naval y civil (1880), multitud de datos sobre las características de maderas españolas y de ultramar basadas en este tipo de experimentación. SEBASTIÁN VIDAL Y SOLER (1842-1889)
Portada del libro de Sebastián Vidal ,"Familias y géneros de plantas leñosas de Filipinas" que iba acompañado de un atlas de 100 láminas y 1900 figuras , fue publicado en 1883.
RAMÓN JORDANA MORERA (1839-1900)
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Colegio de Ingenieros de Montes