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Ya en la Edad Media, con la guerra de la Reconquista
y el pastoreo de millones de ovejas y cabras, (privilegios de la mesta)
así como el fuego provocado por guerreros, pastores y agricultores y
el auge que va tomando la Marina con enorme demanda de madera, desapareció
gran cantidad de arbolado propiciando que se produjesen intentos de
protección del bosque, tanto en la legislación real como local (fueros,
cartas pueblas, etc.).
Durante la segunda mitad del siglo XVIII la legislación
básica en materia de montes estaba restringida a las Ordenanzas para
la conservación y aumento de los montes de la Marina, de 31 de enero
de 1748, y la Real Ordenanza para el aumento y conservación de los montes
y plantíos, de 7 de diciembre del mismo año. Su carácter punitivo y
limitador de algunos usos tradicionales hizo que fueran impopulares
y criticadas. En 1803 fueron promulgadas unas nuevas Ordenanzas para
los montes de la Marina, con carácter más liberalizador, que no llegaron
a aplicarse. Las Cortes Constituyentes de 1812 abolieron toda la legislación
forestal, siendo restaurada por el rey Fernando VII, no elaborándose
has-ta 1833 unas nuevas Ordenanzas en las que se abolía las específicas
de la Marina. La crítica a las Ordenanzas se hicieron notar por los
ilustrados del momento. Jovellanos, partidario del retorno de los montes
a manos privadas, fue uno de los más críticos.
A medida que avanzaba el siglo, deja de observarse el
monte como mero productor de madera, y pasa progresivamente a adquirir
una función más amplia integrada dentro de un espectro más global de
equilibrio del medio natural. Se abandona la mera arboricultura para
pasar a la más elaborada selvicultura, donde botánica y experimentación
desempeñaban un papel importante. Entre 1772 y 1774 se traducen al castellano
las obras de DUHAMEL DE MONCEAU, por el que fuera primer catedrático
del Real Jardín Botánico de Madrid, CASIMIRO GOMEZ ORTEGA. Dicha influen-cia
no sólo llegó a España, sino que llegó a los forestales alemanes, de
larga tradición en Europa, cuando a principios del siglo XIX, Hartig
y Cotte desarrollaron los principios básicos de la Dasonomía.
En nuestro país, a finales del XVIII, crece la preocupación
por temas forestales a raíz de las traducciones de CASIMIRO GOMEZ, y
aparecen diversos trabajos de importancia firmados por naturalistas
como CAVANILLES, VENTENAT, los hermanos BOUTELOU, etc. No obstante,
la profundización sobre temas forestales no llegó de la mano de estos
estudios, sino de algunos miembros del Real jardín Botánico relaciona-dos
con los estudios agronómicos, más concre-tamente de los jardineros mayores.
El primero de ellos, en 1799, fue CLAUDIO BOUTELOU, nombrado en 1807
profesor de Agricultura. Sin embargo, la enseñanza de Agricultura no
se estableció de manera regular hasta 1815, de la mano de ANTONIO SANDALIO
DE ARIAS. Su papel sería trascendental en la introducción de los estudios
forestales en España.

La Consagración de los Obispos
Óleo realizado por Miguel Sanguino, idealizando
el momento de la entrega de diplomas por la reina Isabel II a los cuatro
primeros ingenieros de Montes Agustín Pascual, Pedro Bravo, Indalecio
Mateo y Miguel Bosch, en presencia de D. Bernardo de la Torre.
ANTONIO SANDALIO DE ARIAS COSIA (1764--1839),
es nombrado director del Real Jardín Botánico en 1823, sucediendo a
Lagasca. Diez años más tarde fue nombrado inspector General de Montes,
primero que hubo en Es-paña, al amparo de las nuevas Ordenanzas de 1833.
Adquirió gran fama en su cátedra del Jardín Botánico, y fue nombrado
primer director de la Escuela Central de Agricultura.
En 1835 se aprobó un decreto por el
cual debía crearse una Escuela de Bosques, inicia-tiva debida a MARTIN
DE LOS HEROS, militar y político liberal que ocupó altos cargos, como
el de ministro de la Gobernación e intendente de la Casa Real. Éste,
junto con la ayuda de JOAQUIN CAMPUZANO, embajador de España en Sajonia,
intentó traer a uno de los hijos de COTTA, profesor de Tharandt, con
el fin de organizar la Escuela de Bosques.
Tras el fallido intento, parece ser
que ANTONIO SANDALIO DE ARIAS fue el que tuvo la idea de enviar a Alemania
a discípulos suyos con el fin de que se formasen en la nueva ciencia
de la Dasonomía, en la Escuela de Tharandt. Los elegidos fueron AGUSTIN
DE PASCUAL y ESTEBAN BOUTELOU. Ambos regresaron en 1845, y al año siguiente
fue promulgado el Real Decreto por el que se creaba definitivamente
la Escuela de Montes el 18 de noviembre de 1846, comenzando a funcionar
el 2 de enero de 1848. Los aspectos técnicos de puesta en marcha y organización,
se debieron a BERNAR-DO DE LA TORRE ROJAS (1792-1870), jurista, mi-litar
y primer director de nuestra Escuela, que junto a AGUSTIN PASCUAL se
encargó de redactar el Reglamento orgánico de la Escuela.
Esteban Bertomeu
Viceprofesor de Botánica de Sevilla.
Fue enviado junto a Agustín Pascual a Tharandt en enero de 1843,
para estudiar ingeniero de Montes, concluyendo ambos en el otoño
de 1845.
El profesorado de la Escuela Especial de Ingenieros
de Montes en el momento de su crea-ción estaba formada por AGUSTIN
PASCUAL, profesor de Dasonomía; INDALECIO MATEO, profe-sor de
Matemáticas; PEDRO BRAVO, profesor de Topografía, y LUIS
GALFAN, profesor de Historia Natural, sustituido éste por MIGUEL
BOSCH Y JULIA en 1850. En 1851, PASCUAL, MATEO, BRAVO Y BOSCH recibieron
el título de ingenieros de Montes, acto que fue conocido con
el nombre de "ConsagracIón de los Obispos". Su nom-bramiento
obedecía a la necesidad de que pudieran examinar oficialmente
al alumnado de la Escuela. En 1852 salió la primera promo-ción
de ingenieros de Montes de la Escuela de Villaviciosa de Odón.
En 1853 fue creado por Real Orden el Cuerpo de Ingenieros
de Montes, y el 17 de marzo de 1854, un Real Decreto organizaba el Cuerpo,
que quedaba constituido por tres ingenie-ros jefes, 12 ingenieros primeros
y 30 ingenieros segundos, con un total de 45 miembros.
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